Presentación marca
El nombre de resonancias religiosas viene por su vinculación al clero. Fue el clero el primer dueño de la finca, ya que perteneció al Cabildo de la Catedral de Valladolid, compuesto por 22 canónigos, de ahí su nombre.
Pero su situación cambia a mediados del siglo XIX con la llamada “Desamortización de Mendizábal” proceso que afectó a todas las propiedades del Clero Secular que pasaron a convertirse en “bienes nacionales” en virtud de la Ley de 2 de septiembre de 1841 para extinguir o minorar con ellos la deuda del Estado (1836-1853). Así, Dehesa de los Canónigos fue tasada y vendida al mejor postor en 1842, pasando a manos de D.Toribio de Lecanda y del Campo.
Toribio, empresario vasco adinerado, construyó su casa a imagen de un caserío vasco en recuerdo de su añorada tierra, hoy en día ese caserío continúa como vivienda de los actuales propietarios. Su abuelo, Teodosio de Lecanda y Chaves, ingeniero belga, casado en Valladolid con Emilia de Ulloa; construyó unas grandes naves utilizadas en su inicio como silos. Hoy dicha construcción alberga lo que en la actualidad es la magnífica Bodega Dehesa de los Canónigos.
No fueron estos los únicos dueños, en años sucesivos ha pertenecido a D. Clemente Mazariegos y posteriormente al empresario además de senador D. Gregorio García Garrote En el año 1931, Idelfonso Cid, Casado con Vicenta Sánchez, abuelos de los presentes propietarios; compraron Dehesa de los Canónigos. Originarios de familia de harineros, Idelfonso y Vicenta al enterarse de la enfermedad de su hija Luz y tras el consejo de los médicos de la conveniencia de una vida en el campo para hacer más llevadera la dolencia de su hija, deciden vender sus propiedades y comprar Dehesa de los Canónigos.
Los personajes centrales de esta nueva etapa son, Arturo Cid, casado con Amalia García y Juan Cid casado con Rosario Alonso. Los dos hermanos auténticos pilares del negocio hasta los años sesenta, deciden vender; pero Dios quiere que la propiedad volviera a ponerse en venta. Es entonces cuando Luis y Mª Luz empujados por el gran cariño que Mª luz tenía a la finca de su familia, testigo de su infancia, convencen a Arturo para recuperarla, aunque para ello Luis tenga que comprometerse a centrar en ello todo su esfuerzo y dejar la medicina.
Luis Sanz Busto, hijo de Asterio Sanz empresario de materiales de construcción en Valladolid y de Rutila Busto hija de reconocidos agricultores de Camporredondo, en la nueva etapa de su vida pone todo su esfuerzo, trabajo y cariño por la continuidad de la tercera generación de esta empresa familiar. De ahí que en el año 1996 fuera nombrado empresario del año en la rama Vitivinícola.
Junto a Luis y Mª Luz viven sus cuatro hijos. Dos de ellos Belén e Iván, están vinculados con el vino y los otros dos, Marta y Luis han seguido a su padre por la rama de la medicina. Hoy son Belén e Iván, los que habiendo compartido desde pequeños, junto a su padre y su abuelo, la afición por la agricultura y viticultura, llevan con gran entusiasmo el peso de esta empresa. Su formación académica junto con la ayuda de su padre, de cuya experiencia y conocimientos, les ha sido inspirado el amor a esta tierra y las nociones para desarrollar este complejo pero gratificante trabajo.
Ambos hermanos, unidos y diferenciando sus obligaciones, Belén como directora Técnica e Iván haciéndose cargo de la viticultura y comercialización de los vinos, se encargan de que este gran proyecto por el que apostó su padre siga manteniendo vivos unos vinos en los que la calidad prevalece por encima de todo. El nuevo proyecto de Iván y Belén, fue apostar por el Enoturismo, con la intención de trasmitir la cultura del vino y la tierra, por ello deciden restaurar las naves colindantes al caserío y bodega, antiguas caballerizas donde, ayudados por la gran afición de su madre en la decoración, han adaptado unos grandes y confortables salones, para la celebración de eventos y reuniones, todo ello rodeado por patios y verdes jardines de diferentes ambientes






